Frente al cibercontrol adolescente

junio 8, 2020
cibercontrol adolescentes
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«¿Dónde estás?». «¿Con quién estás?». «¿Qué llevas puesto?». «Mándame una foto». «No me gusta lo que has subido a Instagram». «Si no tienes nada que esconderme, déjame leer tu WhatsApp». «Si de verdad me quieres, dame la contraseña del móvil». «¿Quién es ese que sale en la foto?». «Borra ese comentario en el vídeo». «¿Por qué no me contestas?».

Naciones Unidas incluye las conductas de control como una de las formas de violencia de género, además de la física, sexual o psicológica. En España, la Ley 13/2007 de medidas de prevención y protección integral contra la violencia de género introduce en la tipología la exigencia de obediencia o sumisión, la coerción y el control. Eso abarca también el que se lleva a cabo a través de medios digitales, redes sociales y dispositivos móviles, que entre los más jóvenes tiene mayor prevalencia: el cibercontrol como manera de ejercer violencia entre adolescentes.

La Macroencuesta de violencia contra la mujer del Ministerio de Sanidad español muestra que el porcentaje de jóvenes de entre 16 y 19 años que sufre violencia de control por parte de sus parejas asciende al 25%, una cifra que casi triplica la media de la población en general, que es del 9,6%. Este comportamiento va disminuyendo a medida que avanza la edad, pero entre los 20 y los 24 años todavía un 19,20% asegura seguir padeciéndolo.

Controlar las amistades, los movimientos, los mensajes, los comentarios en los perfiles sociales, las relaciones, la forma de vestir, las aficiones, es más fácil e intenso a través del teléfono móvil, las aplicaciones y las redes sociales, más aún cuando se llega a exigir el acceso a las contraseñas y cuando se comienza a vigilar también si la pareja está conectada.

Ellos cibercontrolan más que ellas

Pero en este comportamiento hay una sutil diferencia: ellos cibercontrolan más que ellas. La investigación «Violencias de género en entornos virtuales» encuestó a 4.536 adolescentes de entre 13 y 17 años de toda España: cuando se les preguntó si «alguna vez o muchas veces» habían controlado las redes sociales de su pareja, el 29,8% de los chicos contestó que sí, frente al 14,3% de las chicas. Al inquirir si habían inspeccionado el móvil, el 21,8% de los chicos aseguró hacerlo, frente al 9,9% de las chicas. Además, el 11,3% de los chavales reconoció que había obligado a su pareja a quitar fotos de redes sociales o a no whatsappear con alguien (6,1 % en el caso de las chicas) y el 7% de ellos admitió haber cogido la contraseña sin permiso (frente al 4,4 % de ellas).

Sin embargo, si bien las redes sociales y móviles son un instrumento de cibercontrol, no son quienes lo alimentan.

«Es muy importante señalar que las redes sociales o las aplicaciones móviles no producen violencia de género por sí mismas, no hay que demonizarlas. Tan solo reproducen las realidades sociales en las que se insertan, en este caso, realidades muy desiguales entre chicas y chicos”, advierte el informe «Voces tras los datos. Una mirada cualitativa a la violencia de género entre adolescentes», editado por el Instituto Andaluz de la Mujer. «Una chica o un chico cuyas relaciones offline, tanto de amistades como amorosas sean sanas, difícilmente usará de manera machista sus redes sociales. Por el contrario, la adolescencia que tenga actitudes, pensamientos o valores machistas y que en su cotidianidad desarrolle relaciones de amistad y pareja no saludables, utilizará las redes sociales como un instrumento más para ejercer ese poder».

En contra de lo que los datos anteriores podrían parecer indicar, la mayoría de la juventud (de uno y de otro sexo), rechaza la violencia de género. En concreto, un 96% de la mujeres y un 92 % de los hombres entre 15 y 29 años lo considera inaceptable, según el informe Percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género.

¿Qué está ocurriendo?

Sucede que no todos los comportamientos de maltrato se perciben de forma semejante: uno de cada tres jóvenes considera inevitable o aceptable en algunas circunstancias controlar los horarios de la pareja, impedir a la pareja que vea a su familia o amistades o decirle las cosas que puede o no hacer.

Desciende la conciencia de que estas conductas forman parte de un control abusivo y aumenta la tolerancia y la permisividad entre los más jóvenes. En ello influyen mitos como que los celos son una expresión de amor e ingrediente imprescindible, o que el amor es una pasión tormentosa que provoca sufrimiento pero que, al final, hace triunfar la relación. Mitos todos ellos que, por cierto, se ocupan de reproducir y alimentar buena parte de las películas, la música y la literatura para adolescentes. Es necesario por tanto educar en qué consiste y cómo gobernar con libertad y seguridad la afectividad, el afecto, la afinidad, la amistad, el enamoramiento y el amor en una relación saludable.

Sensibilización y líneas de ayuda

En los últimos años se han intensificado las campañas de sensibilización contra el cibercontrol entre adolescentes. Con lemas como «Corta a tiempo. El maltrato no llega de repente» y «¿A que esto no lo publicarías? #PuesNoloHagas. El amor no es control», la Delegación del Gobierno Contra la Violencia de Género impulsó en 2017 y 2018, respectivamente, acciones de concienciación en este ámbito. Desde el sector privado, destacan iniciativas como «¿Lo sabes todo sobre tu pareja?» de Orange, #ControlarNoEsAmar de MoviStar y #AmorNoEsControl de Fundación Legálitas, Fundación ONCE y Fundación Deporte Joven.

Existen también líneas telefónicas de asistencia y ayuda, en las que denunciar y recibir asesoramiento jurídico. En España, en 2007 el Ministerio de Igualdad puso en funcionamiento el teléfono 016 contra la violencia de género, que hasta 2019 había recogido más de 850. 000 consultas. Las llamadas no quedan registradas en las facturas de teléfono y el número de registro puede eliminarse en las llamadas de terminales Android de nueva generación. Además, la Fundación ANAR ofrece el teléfono 900 20 20 10 dirigido específicamente a niños y adolescentes, como espacio seguro y confidencial.

Porque si la actitud persiste, que quede claro: acosar y vigilar a alguien de forma reiterada es delito. Así lo reconoce el artículo 172 ter del Código Penal, con prisión de seis meses a dos años si la víctima es especialmente vulnerable por razón de su edad. También es delito espiar el móvil de tu pareja, que tu pareja te espíe el móvil, así como acceder a WhatsApp o cualquier otra red social o chat de la pareja o ex pareja sin su consentimiento: está recogido como delito de descubrimiento y revelación de secretos en el artículo 197 del Código Penal español.

Y tú, ¿qué opinas del cibercontrol entre adolescentes?

Gracias a Freepik por la imagen de portada

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