¿Cómo usan los adolescentes españoles Internet y las redes sociales?

noviembre 22, 2021
adolescente con movil

Ese ha sido uno de los objetivos del estudio “Impacto de la tecnología en la adolescencia. Relaciones, riesgos y oportunidades”, realizado por Unicef en 265 centros educativos de toda España, con la participación de casi 50.000 adolescentes de entre 11 y 18 años.

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A partir de los datos del estudio, elaboro aquí algunas conclusiones y, también, os propongo algunas reflexiones sobre cada una de ellas. Me encantaría leer vuestras respuestas en los comentarios.

Teléfono móvil cada vez a menor edad

En 2019, uno de cada cuatro niños de 10 años tenía ya teléfono móvil, según la encuesta sobre “Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares” del Instituto Nacional de Estadística.

En 2021, el porcentaje de menores con dispositivo móvil ha aumentado tanto que la edad media de acceso por primera vez a este dispositivo se sitúa en los 11 años (10,96 años), según el estudio de Unicef. Lo que significa que muchos se hacen con móvil propio a una edad incluso muy inferior.

La reflexión sería: ¿con qué condiciones y por qué motivo se les está dando móvil?

Porque cifras y estadísticas aparte, lo relevante, en mi opinión, es que el móvil no debería utilizarse nunca como premio ni como castigo, y que se fije con el menor un “pacto familiar” por el buen uso del dispositivo, antes de entregárselo.

Sin restricciones sobre el consumo y coste de la conexión

Además, al menos uno de cada cuatro adolescentes dispone de acceso ilimitado a datos y la mitad cuenta con conexión vinculada a un contrato, es decir: puerta abierta al consumo sin límites ni restricción.

Pero lo que me resulta más significativo es que el 40% de los chavales ni siquiera sabe si su móvil es de contrato o de prepago, y un 22% desconoce de qué volumen de datos suele disponer al mes. Prácticamente todos, el 98%, tiene conexión wifi en su casa, lo que quizás influye en esto último.

Es decir: el volumen de consumo y el coste de la conexión online les resulta algo bastante ajeno, de lo que se despreocupan. No saben lo que cuesta porque no son ellos quienes pagan ni gestionan el contrato, ni necesitan autolimitarse tampoco en el consumo de datos para “llegar a fin de mes”.

La reflexión sería: ¿deberían ser conscientes de que no es gratis y gestionar el consumo de datos?

Es decir:  que tengan constancia de que conectarse a Internet no es un derecho per se, que cuesta dinero y “hay alguien” que lo paga. Y que conviene saber gestionar el consumo de datos (y el tiempo de conexión) porque si no lo haces, no podrás continuar. Es decir:  trasladarle al menor cierta responsabilidad del consumo de datos para que aprenda a gestionarla.

Por cierto: según el estudio, el 31,6% de los adolescentes pasa más de cinco horas conectado a Internet un día de semana cualquiera, cifra que asciende al 49,6% durante el fin de semana.

Duermen con el móvil en la habitación

Seis de cada diez adolescentes (el 58,4%) reconoce llevar el móvil a su habitación durante la noche, y el 21,6% se conecta a partir de media noche todos o casi todos los días. El porcentaje aumenta en 3º y 4º de la ESO, y son más las chicas que los chicos quienes lo hacen.

La reflexión sería: ¿por qué se les permite hacerlo?

La utilización de pantallas y móvil durante la noche, y especialmente en el dormitorio, está estrechamente asociado a trastornos del sueño, menor descanso, menor rendimiento escolar y mayor probabilidad de consumo de contenidos inadecuados y relación con desconocidos, lo que aumenta el riesgo.

Todos utilizan redes sociales… y hasta con varios perfiles en la misma red social

Prácticamente todos los adolescentes (el 98,5%) está registrado en al menos una red social, y la mayoría (el 83,5%) en tres o incluso más. Además, seis de cada diez tiene varias cuentas o perfiles dentro de la misma red social: se trata de algo habitual ya sea para “esquivar” la supervisión de los padres y madres o para explorar distintas formas de mostrarse y/o seguir a otras cuentas.

Las redes que más usan son YouTube, Instagram y TikTok, aunque también son relevantes Twitch (46,4%) y Pinterest (34,3%). No les atraen las redes sociales que más utilizan los adultos (o sea, sus padres): solo el 32,5% está en Twitter y el 13,9% en Facebook.

Además, utilizan de forma masiva las apps de mensajería, sobre todo WhatsApp (95%) y los mensajes directos de Instagram (59,2%). Atención al uso de Discord, que emplean el 34,5%.

La reflexión sería: ¿los padres y madres conocemos cómo son esas redes sociales?

Porque lo aconsejable es abrirnos un perfil en las redes sociales por las que navegan nuestros hijos. Aunque no tengamos intención de utilizarlas, aunque no personalicemos nuestro perfil, simplemente para saber cómo son, cómo funcionan y entender dónde se están desenvolviendo.

Las redes sociales les ayudan a no sentirse solos

No se aíslan, al contrario: más de la mitad utiliza las redes sociales para hacer amigos y un 44,3% afirman que les ayudan a no sentirse solos.

Es importante también tener en cuenta que, en contra de lo que se pudiera pensar, Internet provoca fundamentalmente emociones positivas entre los adolescentes: el 96,9% reconoce sentir alegría o risa en la Red, el 81,6% dice que les tranquiliza y relaja, el 78,9% se divierte y el 71,6% recibe apoyo y comprensión.

Miedo, soledad y angustia son sensaciones menos frecuentes, aunque no por ello menos relevantes: el 24,7% afirma haber sentido miedo, el 23,5% soledad y el 19,7% angustia.

La reflexión sería: ¿por qué muchos adultos consideran que la tecnología aísla a los más jóvenes?

En realidad, conectarse a Internet, chatear con el móvil, entrar en redes sociales implica para los más jóvenes estar comunicados. Cierto es que hace 30 años las formas de comunicación no se establecían online. Pero eso era hace 30 años, no ahora.

Uso problemático de Internet

El estudio detecta también que un 33% de los adolescentes podría estar desarrollando un uso problemático de Internet y redes sociales, porcentaje que se eleva en las chicas (hasta el 36,1%) y en 3ª y 4ª de la ESO. Y como señala el estudio, “aunque no puede hablarse de un perfil de ocio diferencial por parte de lo adolescentes que presentan un uso problemático de Internet, el peso que parecen tener actividades como leer o hacer deporte es claramente menor”.

La tasa de depresión es además más de un triple (hasta el 40%) entre los adolescentes que realizan un uso problemático de Internet (aunque no se puede afirmar que lo uno sea consecuencia de lo otro, sino que están relacionados).  

Además, el 8% de los adolescentes afirma que ha enviado fotos o vídeos de carácter erótico y sexual (sexting activo), y más del triple (el 26,8%) los ha recibido (sexting pasivo). Uno de cada diez adolescentes ha recibido una proposición sexual de un adulto a través de Internet, y uno de cada tres entra en webs de contenido pornográfico.

La reflexión sería: ¿cómo prevenir ese uso problemático?

El estudio de Unicef destaca que los hábitos del entorno familiar condicionan el uso que hacen niños y adolescentes de la tecnología: madres y padres somos una referencia para nuestros hijos, porque cuánto, dónde y cómo usamos la tecnología les indica lo que es “normal” y “aceptable”. Por eso, aboga por conseguir un clima de respeto mutuo y transparencia, establecer normas y límites, mantener conversaciones sobre los distintos uso y hábitos en el uso de la tecnología y constuir las relaciones que queremos fomentar dentro y fuera de las pantallas.

A los padres y madres nos cuesta poner límites

Sin embargo, solo el 29,1% de los chavales y chavalas reconoce que sus progenitores les ponen normas sobre el uso de la tecnología. Y eso, a pesar de que uno de cada cuatro asegura tener discusiones todas las semanas (todas) a causa de Internet, móviles o redes sociales.

Tampoco parece que padres y madres den a veces ejemplo. El informe de UNICEF destaca que el 36,8% de los adolescentes dice que sus padres acostumbran a utilizar el móvil en las comidas… y que esto se asocia con tasas de uso problemático de Internet y prácticas de riesgo sensiblemente mayores.

La reflexión sería: ¿cómo acompañamos los padres y madres a nuestros hijos en el mundo digital? ¿Somos realmente conscientes de que nosotros somos #SuMayorInfluecer?

Me encantaría leer en comentarios vuestras respuestas.

Foto: Adobe Stock

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